|
Bertold
Brecht - Citas y poemas célebres
"Robar un
banco es delito, pero más delito es fundarlo"
“Soy como aquel que lleva el
ladrillo bajo el brazo para enseñar al mundo como era su casa”
“Para
los de arriba hablar de comida es una pérdida de tiempo. Y se comprende, porque
ya han comido”.
"Hay
hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son
mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos,
pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles"
Poema "Oda a la
Dialéctica"
Esclavo, ¿Quién te liberará?
Los que están en la cima más honda
te verán, compañero,
tus gritos oirán.
Los esclavos te liberarán.
O todos o ninguno. O todos o nada.
Uno solo no puede salvarse.
O los fusiles o las cadenas.
O todos o ninguno. O todos o nada.
Hambriento, ¿quien te alimentará?
Si tú quieres pan, ven con
nosotros,
los que no lo tenemos.
Déjanos enseñarte el camino.
Los hambrientos te alimentarán.
O todos o ninguno. O todos o nada.
Uno solo no puede salvarse.
O los fusiles o las cadenas.
O todos o ninguno. O todos o nada.
Vencido, ¿quien te puede vengar?
Tú que padeces heridas,
únete a los heridos.
Nosotros, compañero, aun que
débiles,
nosotros te podemos vengar.
O todos o ninguno. O todos o nada.
Uno solo no puede salvarse.
O los fusiles o las cadenas.
O todos o ninguno. O todos o nada.
Hombre perdido, ¿quién se
arriesgará?
Aquel que ya no pueda soportar
su miseria, que se una a los que luchan
por que su día sea el de hoy
y no algún día que ha de llegar.
O todos o ninguno. O todos o nada.
Uno solo no puede salvarse.
O los fusiles o las cadenas.
O todos o ninguno. O todos o nada
Preguntas de un obrero ante un
libro
Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién
la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas?¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china,
¿adónde fueron los albañiles? Roma la Grande
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan cantada,
¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban
pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿El sólo?
César venció a los galos.
¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse
su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años.
¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página.
¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años.
¿Quién paga sus gastos?
Historias del señor
Keuner (fragmentos)
Patriotismo: odiar las patrias
El señor K. no consideraba necesario vivir en un país determinado. Decía:
-En cualquier parte puedo morirme de hambre.
Pero un día en que pasaba por una ciudad ocupada por el enemigo del país en que
vivía, se topó con un oficial del enemigo, que le obligó a bajar de la acera.
Tras hacer lo que se le ordenaba, el señor K. se dio cuenta de que estaba
furioso con aquel hombre, y no sólo con aquel hombre, sino que lo estaba mucho
más con el país al que pertenecía aquel hombre, hasta el punto que deseaba que
un terremoto lo borrase de las superficie de la tierra. "¿Por qué razón -se
preguntó el señor K.- me convertí por un instante en un nacionalista? Porque me
topé con un nacionalista. Por eso es preciso extirpar la estupidez, pues vuelve
estúpidos a quienes se cruzan con ella."
La pregunta sobre
la existencia de Dios
Alguien le preguntó al señor K. si
Dios existía. El señor K. le dijo: "Te aconsejo que reflexiones si la respuesta
a esa pregunta afectaría a tu comportamiento. Si no lo hiciera, podemos
olvidarnos de la pregunta. Si lo hiciera, puedo ayudarte como mínimo diciéndote
que ya has decidido: tú necesitas un Dios."
Dos ciudades
El señor K. prefería la ciudad B. a la ciudad A. "En la ciudad A. -decía- se me
quiere; pero en la ciudad B. me tratan con amabilidad. En la ciudad A. todos
procuran serme útiles; pero en la ciudad B. me necesitaban. En la ciudad A. me
invitaban a la mesa; en la ciudad B. me invitaban a la cocina."
Forma y sustancia
El señor K. contemplaba un día una pintura que representaba ciertos objetos
bastante caprichosamente.
-A algunos pintores -dijo- les ocurre
lo mismo que a muchos filósofos cuando contemplan el mundo. Tanto se preocupan
por la forma que se olvidan de la sustancia. En cierta ocasión, un jardinero con
el que trabajaba me dió una podadora con el encargo de que recortase un arbusto
de laurel. El arbusto estaba plantado en un macetón y se empleaba en las fiestas
como elemento decorativo. Había que darle forma esférica. Comencé por podar las
ramas más largas, mas por mucho que me esforzaba en darle la forma apetecida, no
conseguía ni siquiera aproximarme. Una vez me excedía en los cortes por un lado;
otra vez, por el lado opuesto. Cuando por fin obtuve una esfera, resultó
demasiado pequeña. El jardinero me comentó decepcionado: "Muy bien, la esfera ya
la veo, pero ¿dónde está el laurel?".
El elogio
Al enterarse de que sus antiguos pupilos le
elogiaban, comentó el señor K.:
-Cuando los discípulos ya hace tiempo que olvidaron los errores de su maestro,
éste aún los recuerda.
Espera
El señor K. estuvo esperando algo todo un día, luego una semana y por fin un mes
entero. Al fin se dijo: "Podría haber esperado perfectamente un mes, pero no ese
día ni esa semana".
Preguntas
convincentes
-He observado -dijo el señor K.- que
mucha gente se aleja, intimidada, de nuetra doctrina por la sencilla razón de
que tenemos respuestas para todo. ¿no sería conveniente que, en interés de la
propaganda, elaborásemos una lista de los problemas para los que aún no hemos
encontrado solución?
Afrenta soportable
Alguien acusó a un colaborador del señor K. de adoptar una actitud hostil haci
éste.
-Sí, pero sólo a mis espaldas -dijo el señor K., defendiéndole.
El reencuentro
Un hombre que hacía mucho tiempo que no veía al señor K. le saludó con estas
palabras:
-No ha cambiado usted nada.
-¡Oh! -exclamó el señor K., empalideciendo.
Éxito
Al ver pasar a una actriz, el señor K. comentó:
-Es hermosa.
Su acompañante dijo:
-Ha tenido éxito últimamente gracias a su belleza.
-Es hermosa gracias a que ha tenido éxito -replicó, irritado, el sr. K.
Cada vez que el señor K. amaba a
alguien
-¿Qué hace usted -preguntaron un día al señor K.- cuando ama a alguien?
-Hago un bosquejo de esa persona -respondió el señor K.- y procuro que se le
asemeje lo más posible.
-¿El bosquejo?
-No -contestó el señor K.-. La persona.
Organización
El señor K. dijo en cierta ocasión:
-El que piensa no emplea una luz de más, un pedazo de pan de más, un pensamiento
de más.
Esfuerzo de los
mejores
"¿En qué trabaja?", le preguntaron al señor K. El señor K. respondió: "Estoy muy
atareado. Preparo mi próximo error."
El reencuentro
Un hombre que no había visto al señor K. desde hacía
años le saludó diciendo: "¡No ha cambiado usted en absoluto!" "¡Oh!", dijo el
señor K. y palideció.
Sobre la traición
¿Deben cumplirse las promesas?
¿Deben hacerse promesas? Donde hacen falta promesas reina el desorden. Pues debe
ponerse orden: el ser humano no puede prometer nada. ¿Qué le promete el brazo a
la cabeza? Que seguirá siendo brazo y no se convertirá en pie, pues cada siete
años es un brazo diferente. Cuando una persona traiciona a otra, ¿ha traicionado
a la misma a quien le había hecho la promesa? En cuanto la persona que recibe la
promesa va cambiando y tiene siempre una relación diferente con la primera,
¿cómo se le puede cumplir una promesa que se hizo a otra persona? Quien piensa
traiciona. Quien piensa no promete nada.
Sólo promete que no dejará de pensar
Sobre los sistemas
"Muchos errores provienen de que se interrumpe muy poco o nada a los oradores."
dijo el señor K. "Así se forma fácilmente una totalidad engañosa que, por ser
completa, cosa que nadie duda, parece ser válida en todos sus elementos, aunque
éstos sólo sean válidos en relación al total.
Muchos problemas surgen y se mantienen
porque, después de eliminar costumbres dañinas, se ofrecen continuamente
sucedáneos a la adicción, que aún dura. El placer mismo crea la adicción. Para
explicarlo con una imagen: para esa gente que necesita estar siempre sentada,
porque es débil, deberíamos construir en invierno bancos de nieve que, en
primavera, cuando los jóvenes se hayan fortalecido y los viejos hayan muerto,
desaparezcan por sí solos y sin esfuerzo."
|