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POEMAS
LA
FUSILACIÓN DEL PIQUETERO
(El
verdugo da cuenta de la historia)
Por
Vicente Zito Lema
Con
motivo de cumplirse un año del asesinato de Darío Santillán y Maximiliano
Kosteki, el pensador y poeta argentino, Vicente Zito Lema, ha escrito este
poema, que como en anteriores oportunidades, nos sentimos honrados de ser los
canalizadores, desde Neuquén, en la Patagonia Argentina, de sus ricos y
profundos trabajos.
Antonio
Miglianelli
En
memoria de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki,
del
Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón,
asesinados por la policía de la provincia de Buenos Aires
el 26 de junio de 2002, en la estación de tren de Avellaneda.
Humildemente.
VERDUGO:
1.
Son tiempos difíciles para este verdugo. (Ríe) Medio imbécil. O poco sabio;
que más temprano que tarde tendrá que poner los puntos sobre las ies.
Es mi obsesión, lo admito: los puntos sobre las ies.
Un modesto pero necesario remate para que la gigantesca estructura de la
historia no se desmorone, como esos hermosísimos castillos de arena, incapaces
de soportar la primer ola.
Y yo, apenas un vulgar verdugo, puesto en la acción por el destino, aquí me
planto, frente a las olas.
...Nada mejor que los muertos para detener las olas. Ellos son los puntos sobre
las ies... ...(Se muestre ausente) Aunque alguna lágrima borronee las
palabras...
... Decía que estos tiempos son difíciles... No se distinguen bien las líneas
del futuro... Sobran las manos ásperas...
La guerra es eterna entre la luz y las tinieblas... Se necesitan enemigos claros
sobre la arena, que encarnen sus pasiones... sin treguas, hasta el fin... Si se
alteran estas reglas, la guerra se aleja de la tragedia... se vuelve un
aberrante caos indigno de la historia....
2. No se puede escarmentar a la multitud. Es más eficaz matar de a uno, para
espantar el rebaño...
Pero en estos tiempos de pobre y pobres... una tromba de estiércol... que
lloran con sus crías a cuestas y gritan monótonos y soeces por las calles, que
mezclan el hambre con redenciones y Apocalipsis que ni siquiera entienden, es
tan confuso el discurso del bien como difícil encontrar la cabeza de la hidra
que el buen verdugo debe segar.
Se complica la tarea. Lo mío es ejecutar, y ahora también me toca señalar una
cabeza entre miles...
¡Aturde esta marea de pobres...! ¡Convierten en mortales asuntos que fueron
sagrados! ¡Su naturaleza es tan vil como ayer la de los esclavos!
3. ¡Siento que me confunden los juegos del poder! Las ordenes desde su boca
también se contradicen. Pretenden servir a dos patrones, quedar bien con Dios y
el Diablo, ser piadosos sin bajar la cruz...
Debo afinar el oído y agrandar el
entendimiento... Más que castigos hay sugerencias... Nadie pone realmente su
cara...
Habrá que redoblar la paciencia. Ya llegarán otra vez los tiempos claros.
Donde alguien diga, simplemente: “yo he venido aquí a meter espada”.
4.
El poder nunca está solo. El buen verdugo tiene que saberlo, o poner su cuello
en remojo...
Detrás del poder hay cuerpos que lo sostienen, a veces se muestran.. aunque
gozan más el anonimato, la oscuridad. ¡Desde allí cuidan lo suyo!
Son manos que arriman la pluma al que firma la orden... Ayudan a sostener la
horca...
Son voces... Son voces... Las escucho...
(El
Verdugo habla, como si fuera esas voces)
“!No
puede ser que todo lo ensucien!”
“Esta gente... nacieron de la suciedad, engendrados no por un limpio amor sino
por un sucio instinto, entre jadeos, bufidos y sudores que son de animal y no de
cuerpo humano; viven –un decir- por gracia de Dios, en el
medio de la más atroz inmundicia, ¡un chiquero!, y todo lo que tocan lo
degradan y envilecen, lo convierten en mugre y basura, cartón y trapo...”
“Son niños sucios, son hombre y mujeres sucios, son viejo sucios y son
muertos sucios...”
“Hasta el Señor se espanta de sus almas, que no huelen mejor que sus cuerpos,
degradados por años y años de suciedad...”
“La piel dejó paso al cuero y la carne ya no se distingue del barro...”
“¡De la peor manera nacieron y a la peor tierra volverán!”
5.Yo
conozco a los mansos que se sirven del poder... ¡buenas personas! Yo entiendo
sus sonrisas y ese leve fruncimiento de los labios aprendido en siglos de
complicidad...
Yo escucho... sus desprecios y sus quejas...
(El Verdugo habla otra vez como si fuera los otros)
“¡No puede ser semejante fealdad!” “¡Ofende!”
“Esta gente... feos de toda fealdad, hasta ser impúdicos...” “Insultan a
la naturaleza” “¡Ah, estos pobres!” “¡Dime con quien andas y te diré
a quién te pareces...!”
(Aumenta su tono despreciativo) “...Pechos destruidos por chicos
siempre hambrientos; bocas sin dientes que ríen sin verguenza mostrando hasta
la garganta... los granos los visitan como Pancho por su casa y el que no tiene
una llaga se ganó una cicatriz...”
“La belleza jamás los rondó, ni siquiera en sueños.”
“Pagan con la fealdad la culpa de estar vivos...”
6.
También escucho lo que dice Dios, por la lengua de sus dignísimos pastores, y
los reverencio, porque el miedo no es zonzo y en cuestiones de la Parca, menos.
¡Hasta el poder se baja los pantalones!
¿No se deleitan cuando el buen pastor desde lo alto del púlpito lanza su do de
pecho...?
(El
verdugo habla por otros)
“¡No puede ser tantos vicios!” “¡La tierra sucumbirá alcanzada por el
fuego de una estrella negra!”
“¡La pereza!: Ahí está la madre del borrego!”
“... Cómo esperar un recto juicio de quien se aleja del yugo del
trabajo!”
“¡Son pobres, pecadores y viciosos!” “¡No distinguen el bien del mal
bajo su ley del menor esfuerzo!”
“Hacen de la cama el templo de sus fechorías.” “Besan la botella de
alcohol como si fuera el rostro del Señor...” “¡Y es Satanás!”
“Fornican a la manera de las bestias.” “Todos contra todos.” “Por atrás
y por delante.” “Sin distinguir el padre del abuelo y la madre de la
hermana.”
“¡Hasta se sirven del perro y de las gallinas.”
“¡Hasta comen los pajaritos del cielo y se atragantan con gatos como si
fueran liebres!”
“Cualquier cosa les viene bien, mientras sea abundante y ruin y tenga el gusto
de la limosna.”
“¡Mendigos!” “¡Mendigos!” “¡Nacieron para la mentira, el llorisqueo
y la tramoya!”
“¡Pasan del llanto al grito como si la vida fuera una esponja!”
“¡No guardan una gota del vaso!” “¡Entregan el alma
por un plato de lentejas!”
“¡Nacieron del pecado y en el fuego eterno se quemarán!” “¡Aleluya!”
7.
Esa es la gente... más que pobres... basura...
Parecen
inofensivos.. como los bichos de la suciedad... que apenas despiertan asco...
Pero son peligrosos ...su veneno es que se reproducen y se reproducen, con frío
o con calor... como la mala hierba... ...
Es bueno que no se olvide...
La mala hierba puede provocar un incendio ... y extenderse... y extenderse...
¡Hay que usar la guadaña! ¡Hay que segar! ¡Segar! ¡Sin asco!
...¿No está allí, acaso, el peso de la historia...?
8.
Esto es lo que siente mi corazón, y lo confieso...
Pronto
he de matar, soy un verdugo...
Lo dije: Mi destino es mi oficio, más que elegido... aceptado...
Sin embargo, tengo hoy quejas: me vuelvo más amargo...
Ya no se trata de matar a un enemigo ... alguien que también será parte de la
historia... cuenta saldada... con nombre en una calle y busto en la
plaza...
Se trata ahora de matar al voleo... como si fueran chimangos... a algún
desgraciado... un pobre entre otros pobres que pronto será
olvido... Así se quita categoría al verdugo...
¡Me quejo...!
9.
Aquí estoy, recibiendo órdenes...
(Como
si fuera otro, con tono brutal, sin matices)
“¡Hay
que escarmentar! A esos desgraciados. ¡Que no jodan más! ¡El puente hoy no lo
cortan! ¡Ni comida, ni ayuda! ¡Palos! ¡Ya se fueron de la raya! ¡Palos y a
la bolsa!
Así se dijo.
“¡Romperles bien el culo!” “¡Meterles la pija a fondo!” “¡Hasta que
caguen sangre!” “¡Y si la verga no alcanza hundirles un palo!” “¡Y si
el palo es poco, bala, bala!” “¡Que sea con sangre!” “¡Tienen que
cagar sangre!”
Así se dijo. Sin medias tintas. Lo entendí al vuelo, de tan claro.
“¡Y que no se gaste pólvora en chimangos!”
También se dijo.
O sea: que la pija en el culo no era para cualquiera.
Se trataba de un culo bien preciso.
Hay que encontrarlo, me dije.
(Como si fuera otro) “¡Que la porongueada deje ganancia!” “¡Hay que
reventar un ojete sano!” “¡Los demás ortos rotos son la chapa!”
Así se dijo.
Hubo palmadas en la espalda. Hubo risas y hasta un pedorreo.
En el papel sobre la mesa no se hablaba de culos, ni de porongas. Tampoco de
balas de plomo. “Restaurar el orden”, esa es la palabra.. que un buen
verdugo entiende...
10. Un hombre de mi oficio no tiene que perder la calma, ni guiarse por
presagios... Sin embargo, esta mañana...
Me levanté con el pie torcido,
como se dice... No me gustaron los pájaros en mi ventana... El agua para el
mate hervía. Me quemé la lengua. ...Para colmo, mi arma reglamentaria se
trababa...
Y después, el encuentro con la chusma... Insistían con cortar el puente. Más
agresivos que nunca. Con palos. Con capuchas. Con más insultos. Con más
demandas... Envalentonados, ya daban ordenes... como si sus cicatrices de pobres
fueran una corona...
Sentí que llegaba el día. El escarmiento. La ola. Los puntos sobre las ies...
11. Tuve que gritar: ¡Se me están hinchando las bolas!
...No me gusta que me toquen... menos, que me empujen... ¡Alguien me escupió
en el hombro! ¡Carajo!
...No permito que me miren a los ojos... (se pone y se saca gafas negras)
se trata de respeto...
...Y me están mirando...
(Le grita a la sombra de Darío Santillán) ¡Bajá los ojos! ¡Bajá los ojos!
¡Cabrón! ...Siguió mirándome a los ojos, como si yo no le importara...
Se sonreía... sereno... como si estuviera en una fiesta... (Crece en su enojo,
se vuelve más grosero, le grita a la sombra) ¡De qué mierda te sonreís,
pija fría!
...¡Entendés ahora, si te hablo así, cajeta pelada!
(Cambia el tono, explica) Y la
escoria de hambrientos, cientos, en jauría, escapados de sus cuevas, seguían
ahí, frente a nosotros, en el puente Pueyredón, sin retroceder un metro, con
sus capuchas y sus palos...
Ya no mendigaban, desafiaban...
(Le grita a la sombra) ¡No te sonrías, no mirés a los ojos, no empujés!
(Explica)....Siguió ahí, sereno, desarmada, como si no me temiera...
(Le grita a la sombra, cada vez más terrible) ¡Mirá que estoy calzado, drogón!
¡Ya vas a caer... de rodillas se la vas a chupar a mi abuelo...!
¡Te voy a enterrar un fierro en el culo, me voy a garchar a tu conchudísima
madre y al bufarra de tu hermano!
¡Vas a saber quién es el poronga, melenita de oro!
¡Vas a lamerme los sobacos!
¡Vas a besarme las bolas bien sudadas!
¡Vas a llorar por el ojete!
¡Vas a sangrar hasta el alma!
(Gritando a todos, con voz de mando)... ¡Basta!
...¡Basta de piquetes!
¡...Basta de cortar la ruta! ¡Basta de cortar el puente! ¡Basta de cortar la
calle!
¡Aquí nadie corta más nada!
(Otra vez le grita a la sombra de Darío Santillán) ¡Te la estás buscando!
¡Cartón lleno para vos, pendejo! ¡Bingo! ¡Bingo!
¡Andá contando las horas!
¡Limpiate bien el tuje que la Parca te espera para el hoyo! ¡Soretón!
¡Tiene una pala bien dura!
(Ríe, alocadamente) ...¡Te rajás, turrito! ¡Te rajas, eh...! ...!Corran! ¡Corran!
¡Los pobres nacieron para escapar! ¡Igual que las ratas!
12. Parecía una casería de patos... Saltaban, se arrastraban, volaban de
miedo... Uno caía aquí, otro más allá...
Sucios como siempre, ahora también con sangre...
No quise participar. A penas un par de tiros... algún grito... Yo estaba para
otra cosa, no para cazar patos...
Tenía que cumplir la orden. El escarmiento. No se puede escarmentar a todos...
Buscaba un cabecilla. Lo fuera o
no, ya lo tenía marcado. O mejor: él mismo se había puesto la cruz sobre la
espalda...(Ríe)
13. Entré en la estación de tren.
Ahí estaba él. Haciéndose el santo.
(Le habla a la sombra de Darío Santillán) ¡Así que decidiste quedarte!
¡Para cuidar al otro turro baleado!
Muy bien. Eso termina de cagarte.
Los pobres pueden mendigar, llorar, gritar y matar.
Hasta ahí.
Eso de sufrir por el otro. De hacerse cargo del otro. De sentir que la vida está
en el otro...
Eso no es para vos. Eso es demasiado para vos. ¡O querés ser un héroe, cajetón!
...Lo agarré de los pelos. Le levanté la cabeza...
Me miraba a los ojos... Me sonreía... ¡El guacho, sufriendo, me sonreía!
Le disparé.
...El puntito sobre la i.... fue con sangre...
(Ríe.
Después grita) ¡Sombras! ¡Sombras! ¡Eso son! ¡Sombras, nada más!
Nota:
Este texto es parte de
la obra de teatro “Sombras nada más” de Vicente Zito Lema, donde también
se abordan los fusilamientos de Manuel Dorrego y Juan José Valle.
Con
dirección del autor y actuación del actor Ricardo Gil Soria, la obra será
conocida en los próximos meses.
otoño
del 2003
EL ESPEJO
ROTO
1.Al erguir sobre una misma
montaña los fantasmas del exilio y de la muerte, los antiguos griegos dieron
cuenta de una refinada crueldad. Más todavía, de su devota visión teatral de
la criatura humana, movida sin pausas, al antojo del viento del destino. Que el
condenado optara entre el naufragio de su alma en la lejanía no buscada, y como
tal irredenta, o la entrega del cuerpo al tan ávido como demoledor pico de las
aves de carroña.
2.Conocí el exilio, doy fe que el
alma en su dolor se estremece, y su música es un violín de lata bajo un cielo
siempre en nieblas que decae. Soy testigo: el cuerpo se aleja del alma, a quien
diera refugio, y vaga en una soledad sin tiempo ni huellas.
La única estrategia del sobreviviente es el delirio continuo de reconstruir el
paraíso perdido. La sed nunca saciada es una llaga. A ese madero en llamas me
aferré con uñas y dientes. Viví para contarlo. Mis palabras son las marcas de
una pobre hazaña.
3.El escenario donde prosigo es un
país del confín en ruinas. Tierras bajo las aguas, agónicas, cada vez más
turbias...
Materia que abunda: el excremento.
Olor que persiste: vómitos del desamparo.
Color que reina: amarillo de la peste y el marrón piel de ratas del engaño, aún
a coro. Ciénaga. Piélagos...
Estado de ánimo: sobrecogido ante el horror de estos días. He visto como la
muerte devora las últimas carnes del hambriento. (¡O, niños, esos ojos...!)
¿Cómo estamos por casa? Aterido en la lluvia. Extenuado. La lluvia es un acero
que me golpea en la nuca.
Lo denuncio: ¡Me han robado el delirio de mi paraíso perdido!
¿La impunidad es anterior a la conciencia, o es el fruto venenoso y postrero de
quien subido al cadáver ajeno se siente impune?
No más preguntas ante la eternidad: los muertos están solos y desnudos.
Apenas besaré una sombra...
4.¿Podemos hablar de un cristal
que estalla en nuestras manos?
¿Qué fue de la verdad amorosa en esos labios dulces que no podían mentir
porque los hijos perdidos en el tiempo más amargo eran los ojos y los oídos y
la alegría del cielo sin mácula que se quiso construir sobre la tierra, sin mácula...
...Yo escucho ahora de esos mismos labios la realidad fingida, opaca... O peor
todavía: el grito oscuro, sin
misericordia, que profana un gran sueño, sin misericordia...
¿Dónde está la armonía de aquella voz creída como luz en las orillas...?
¿Habrá que proteger la historia con usuras del alma, aunque aquella voz creída
no brille más...?
5. Esas hojas, como un primor de
adioses cruzan el aire. Y después, sentado frente a la ventana que da al pequeño
jardín que abunda en sombras, pero no agota el verdor de las plantas que te dejó
tu madre, fijas la atención en los gatos que ronronean sobre la mesa, y tu
escuchas, como si fueran palabras del amado Nietzche, o del amado Artaud; allí,
en ese instante, tan frágil que hiere, como un rocío, te abres al recuerdo de
amargas sentencias:
“Hacéte amigo del juez”...
“Del árbol caído buena es la leña”...
La saña de lo real es tan vulgar que te duele sin consuelo...
Nunca saciado, insistes en tu manía en preguntar a viva voz lo que de
antaño supiste en secreto...
¿Por qué aquellos que te abrazaron junto a las fogatas, en la inhóspita mar
que acechaba en sus bajeles, disputan hoy a boca de perro quién te causa la
mejor herida...?
¿Ha sido la inocencia la cuna de
tus pecados?
¿O sólo fue la arrogancia del poeta que abre todas
las puertas convencido – locamente convencido – que desde las
escondrijos de la verdad asoma en puntas de pies la belleza...?
¿Es esa belleza sin tapujos... es esa verdad como la rosa revolcada
en el chiquero lo que te aterra...?
...Y a la hora de rendir cuentas, qué me dices de tu alma: ¿habrás cuidado
las plantas de tu madre lo suficiente...?
6. Hay lenguas de lo perverso; hay
silencios sumisos, susurros sinuosos, y medio tonos eficaces como dagas...
El barco había encallado y el espejo estaba roto para mí; ya no tendría dónde
mirar para encontrar las sombras de mi paraíso perdido... La historia tocaba
fin.
Así navegaba yo los ríos de mis sentimientos en estos días en que volví a
los Países Bajos de mi exilio. (Veinte años después; no es nada, me dije,
entre músicas de infancia, sólo los amores, las heridas...)
Otra vez los canales en círculos de Ámsterdam y sus aguas ateridas para el
chapoteo de los patos de pecho azul; otra vez los bares marrones de inauditas
maderas y tufo de cerveza; y las cien ferias de quesos y pescados que se comen
crudos con cebolla. Otra vez las cien lenguas cruzadas con beatífica armonía
en el delirio de Central Station o bajo la fina lluvia en el Nieuwmarkt. (a
pocos pasos mi hija Aimée, la que nació en la Calle del Arbol, pinta y siente
que la belleza del mundo se inicia en ese día, y vende helados en Toffani y
gana para su comida). Otra vez mis diálogos secretos con las muchachas eternas
de Vermeer en el Rijksmuseum, o mis secretos poemas para las muchachas desnudas
en las vidrieras sin flores del barrio rojo; otra vez los pobres sin misterio
para la pobreza, que comen papas y huelen a papas en la casa de Van Gogh...
Todo parecía igual. Nada era igual. Mi alma no sonaba junto a las campanadas
del Oude Kerk.
Ya no me perseguía la muerte con la cuchilla de la dictadura. El nuevo enemigo
era sutil en su crueldad y como una sombra profunda se metía en mi cama por la
noche y hasta en mis sueños de la vigilia. Era una tristeza envuelta en sábanas
de hielo. Una sensación horrible, por áspera y opaca, que perforaba los labios
hasta inundar de aire amargo la garganta. Era la derrota de una ilusión, un
paraíso perdido que se deshacía sin deseo como migas de pan entre las aguas
altas.
7.Me desperté con el
cansancio que nos deja haber vivido un sueño profundo. Sin dejar la cama escribí
el poema del sueño, lo necesitaba para calmar la angustia de un conocimiento:
pronto sería una sombra más persiguiendo la vida, en reclamo del desprecio de
una ilusión.
Días más tarde estaba vestido de negro sobre el escenario de la biblioteca de
Rótterdam. Leí mis poemas de antes y de ahora frente a mis viejos compañeros
del exilio, los que habían echado raíces en las tierras exultantes de lirios
de los Países Bajos, y sentí el desgarro por mi hija que se quedaba allí,
buscando la belleza, pero también tuve una percepción profunda que me calmó:
debía volver a mis tierras inundadas, ahogadas en el saqueo, aunque estuviera
roto, sin reparo, el espejo de aquellas mujeres dolientes donde yo me había
mirado en anhelo de la verdad. Sabiendo también que aunque ya no me devolvieran
la imagen de esa verdad, seguiría amando el relato de sus años
inocentes.
Los muertos no tienen dueños. Apenas soledad en el cementerio de la memoria, me
dije, y pensé en Rodolfo y en su carta, antes que lo secuestraran, contándonos
la muerte de su hija Victoria.
Al día siguiente tomé el avión a Buenos Aires. Mi hija Aimée me despidió en
el aeropuerto de Schiphol. Una foto amarillenta de cuando era muy pequeña y yo
la sostenía en brazos, la había
convertido en el centro de un cuadro que resplandecía en la armonía de sus
dorados. Fue su presencia que arrimó a mi alma con delicadeza y dijo: los veré
en el verano. Sus palabras tuvieron el mismo aire que estremece las cañas de
bambú.
8.La tormenta que sacudió el avión
no perturbó mi sueño.
Bajé medio dormido. Había llovido en Buenos Aires y una neblina de plata hacía
flotar los árboles en el camino a casa.
Escribí con letra temblorosa por la impaciencia en el dorso de mi pasaje:
¿Sabían los antiguos griegos que entre las sombras del exilio nacen ramilletes
de luz...?
¿Sabía yo que desde el estupor ante la vida la inocencia nos inicia en la
precaria felicidad humana?¿Habrá que tener piadoso olvido por el que nos
hiere, cuando no tiene conciencia que nos hirió...?¿Desde los árboles del
paraíso perdido, quién me habló del corazón desnudo...?
9.Rodeado de sombras, ante el
anuncio de mi propia sombra que me persigue, admito que menguan mis deseos para
construir otra vez el paraíso perdido. Y sin embargo anoche en un sueño, una
niña se plantó frente a la mesa donde escribo. No tenía carnes, solo huesos,
mendrugos de huesos. Me tomó de la mano y me introdujo en una caverna. Los
perros mastines se abalanzaron
sobre nosotros, sentí que me desgarraban. En mi desesperación subí a la niña
sobre mi espalda. Di un último aliento a mi cuerpo ya torpe y maltratado en las
derrotas, y me animé a mirar la frágil luz que titilaba en el fondo de la
caverna. Los perros se quedaron con algo más de mi cuerpo, pero igual caminé
hacia la estrella. Sentí que la niña se reía.
Vicente Zito Lema
Buenos Aires / Amsterdam. Mayo de
2003
PALINURO
DE MÉXICO
Ella
y yo hacíamos el amor diariamente.
En otras palabras,
los lunes, los martes y los miércoles
hacíamos el amor invariablemente...
Los jueves, los viernes y los sábados,
hacíamos el amor igualmente...
Por ultimo los domingos
hacíamos el amor religiosamente.
***
Hacíamos
el amor compulsivamente.
Lo hacíamos deliberadamente.
Lo hacíamos espontáneamente.
Hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres,
por favor, por supuesto, por teléfono,
de primera intención y en última instancia,
por no dejar y por si acaso,
como primera medida y como último recurso.
***
Hicimos
el amor por ósmosis y por simbiosis:
Y a eso le llamábamos hacer el amor científicamente.
Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí:
es decir, recíprocamente.
Y cuando ella se quedaba en la mitad de un orgasmo
y yo, con el miembro convertido en un músculo flácido no podía llenarla,
entonces hacíamos el amor lastimosamente.
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me
imaginaba que no iba a poder, y no podía,
y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía,
o bien estábamos tan cansados y tan preocupados
que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo.
***
Decíamos
entonces,
que habíamos hecho el amor aproximadamente.
O bien a Estefanía le daba por recordar las ardillas que el tío
Esteban le trajo de Wisconsin
que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina,
y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos,
con sus sillas vienesas y sus macetas de rosas,
esperando la eclosión de las cuatro de la tarde...
Así era como hacíamos el amor nostálgicamente,
viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
***
Muchas
veces hicimos el amor contra natura,
a favor de natura,
ignorando a natura.
O de noche con la luz encendida,
o de día con los ojos cerrados.
O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia.
O viceversa.
Contentos,
felices,dolientes,amargados.
Con remordimientos y sin sentido.
Con sueño y con frío.
Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida,
y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro,
entonces hacíamos el amor inútilmente.
***
Para
envidia de nuestros amigos y enemigos,
hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente,legendariamente.
Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente.
Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente.
***
Hacíamos
el amor físicamente,
de pié y cantando, de rodillas y rezando,
acostados y soñando.
Y sobre todo, y por la simple razón
de que yo lo quería así y ella también,
hacíamos el amor....voluntariamente.
Fernando
del Paso
Yo
no sufro este dolor como César Vallejo
Yo
no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como
hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico,
como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César
Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo
sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no
fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más
abajo. Hoy sufro solamente.
Me duelo ahora sin
explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa.
¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser
su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa.
¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y
del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del
viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en
fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro
solamente.
Miro el dolor del
hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi
sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una
brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más
engendrada, para la mía sin fuente ni consumo!
Yo creía hasta
ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos.
Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para
anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la
estancia oscura, no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no
echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.
César Vallejo
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