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LA FALACIA DEL DESARROLLO SUSTENTABLE
Se ha instaurado falsamente desde hace unos años
este concepto asociado a un modo ecológico
de abordar la productividad cuando el problema
radica en el mismo modo de producción.
por Antonio Miglianelli (*) A raíz de la nota publicada por la Senadora Luz Sapag el pasado 4 de septiembre, creo necesario ofrecer a los lectores del Río Negro, otra visión y otro encuadre acerca del término “desarrollo sustentable”.
Seguramente la Senadora Sapag ha emitido sus opiniones de buena fe, como
la mayoría de las personas que se preocupan por el cuidado del ambiente, pero
precisamente debemos estar muy alertas porque este concepto ha sido apropiado
por los mismos causantes del deterioro ambiental planetario; reciclado de tal
modo, que es imposible oponerse a los postulados que la misma Senadora esgrime
en su artículo referido a la situación ambiental de San Martín de los Andes
cuando señala: “
No en vano nació el concepto de desarrollo sustentable, superador de la
antinomia desarrollo vs. preservación, y que nos propone un marco viable
atendiendo al crecimiento económico, la equidad social y la conservación de
los recursos naturales”.
Y
aquí está la contradicción del discurso, pues es incompatible la concepción
de desarrollo con los modos de producción que hoy se manejan en el mundo. Ochocientos
millones de hambrientos, 1 200 millones de personas en pobreza extrema, 854
millones de adultos analfabetos y 2.400 millones de personas sin saneamiento básico.
Cuarenta millones de enfermos o contagiados por el virus del SIDA, dos millones
de muertos por tuberculosis y un millón por malaria cada año. Once millones de
niños menores de 5 años morirán este año por causas evitables. Esto, además
de ser un crimen, es la consecuencia del “desarrollo”.
La idea fue desvirtuada desde que sus promotores la instalaron, toda vez
que esta frase implicaba el abordaje de tres áreas fundamentales: el
crecimiento económico, la reducción de la pobreza y el cuidado de los
ecosistemas.
En la provincia del Neuquén es notorio que estos tres pilares no se
compatibilizan con la realidad. ¿Quiénes crecieron? Los grupos económicos
concentrados que tienen en el Gobierno Provincial su aliado y testaferro. Basta
con analizar las palabras del Gobernador Jorge Sobisch cuando señaló que los
créditos se darán a quienes puedan pagarlos y si son amigos mejor, para
comprender las contradicciones del discurso oficial que colisionan con el estado
de pobreza y nulo crecimiento para más del 50 % de la población.
La Constitución de la Provincia del Neuquén establece claramente la
reforma agraria.
Esto es: la tierra para quien la trabaja y no para un reducido grupo de
empresarios amigos, funcionarios y ex funcionarios del Gobierno.
Las políticas neoliberales la economía de ajuste y exclusión, no
redujeron la pobreza, al contrario, y si hay algunos indicadores inferiores en
los últimos días, no son por haber puesto en marcha el aparato productivo,
sino por el tejido prebendario de los planes sociales: único marco de contención
para intentar detener el estallido social. El Gobierno habla de impulsar la
productividad y la ex escuela Emeta de Plottier, donde se supone saldrán los técnicos
en producción animal y vegetal, se debate agónicamente obligando a los
alumnos, por solo citar un ejemplo, a pagar su almuerzo dado el régimen de
jornada completa y no aportando las partidas necesarias desde que se transformó
en EPEA (Escuela Provincial de Enseñanza Agropecuaria).
¿Cuidar el
ambiente? ¿Quiénes
contaminan? ¿De donde provienen
las mayores emisiones que lejos de disminuir, han aumentado un 9 por ciento, y
en el país más contaminador un 18 por ciento?. En Neuquén El
EPAS arroja desde hace muchos años los vertidos cloacales al Río Limay desde
la planta de tratamiento en la calle Tronador. En un mundo, donde solo el 3% del
agua es dulce, donde la próxima guerra será por la tenencia del vital
elemento, lo que hacen tanto el Gobierno Provincial como Municipal, no solo es
canallesco y constituye delito, sino que demuestra el desprecio por la vida
humana de quienes tienen la obligación de cuidar y preservar los recursos.
El Gobierno Nacional ha iniciado aparentemente el camino para revisar las
empresas privatizadas. El aliado estratégico del Gobierno Neuquino como la
califican a Repsol, no solo es responsable de incontables daños ambientales,
sino que su crecimiento económico es inversamente proporcional al
empobrecimiento de la población.
Cuando la alianza estratégica es con los grupos de poder y no con el
pueblo, este es el resultado por el cual es inviable el desarrollo sustentable.
Es con el desarrollo del valor de cambio en
detrimento del valor de uso, cuando un nuevo modo de producción y acumulación,
que tratando a la naturaleza como renta y no como un bien, comenzará a generar
productos y residuos no degradables. Incluso, que aumente los niveles de
productividad en un país, no determina la equitativa distribución de la
riqueza.
Si la naturaleza es un bien y lo que nos provee es la renta, entonces hay
algo aquí que no funciona pues el modo actual de producción, solo apunta a la
obtención de la máxima ganancia, expoliando a la naturaleza y por ende a los
miles de millones de habitantes condenados a un genocidio paulatino.
No
es lo mismo desarrollo que calidad de vida.
Los aspectos sociales, económicos, laborales, salud, educación, son las
variables para determinar lo más aproximadamente posible, por donde pasa el
verdadero progreso. El hambre, las
enfermedades evitables, la riqueza acaparada en manos de unos pocos, la
impunidad a que son sometidos millones de seres en todo el mundo por esta misma
situación, las condiciones de
trabajo alienado, vida aglomerada en las grandes ciudades, falta de espacios
verdes, insuficiencia de tiempos
para el ocio y la recreación, ausencia de posibilidades de estudio y logros
intelectuales como creativos, son situaciones que colisionan con el discurso del
desarrollo sustentable.
Mientras tanto hablar de sustentabilidad seguirá siendo una hipócrita
falacia.
(*) Ecólogo Social |
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Enero
2008
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