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ENERGIA NUCLEAR:
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¿Y el Combustible Nuclear Agotado?
Por
Robert Alvarez *
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Las
plantas de energía nuclear podrían tener su eslabón más débil en
las "piscinas" de combustible agotado. Los reactores se
encuentran dentro de contenedores de acero rodeados de estructuras
pesadas y edificios de contención, pero las piscinas de combustible
agotado, se encuentran en edificios mucho más vulnerables.
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Hasta
hace poco las preocupaciones de posibles ataques contra plantas
nucleares comerciales se centraban principalmente en la vulnerabilidad
de los edificios de contención de los reactores. Pero las plantas de
energía
nuclear podrían tener un eslabón más débil - sus
"piscinas" de combustible agotado. "Los reactores se
encuentran dentro de contenedores de acero rodeados de estructuras
pesadas y edificios de contención", dice Gordon Thompson, científico
en jefe del Instituto para Estudios sobre Recursos y Seguridad.
"Las piscinas de combustible agotado, que contienen algunas de las
concentraciones de radioactividad más altas del planeta, podrían
incendiarse, y se encuentran en edificios mucho más vulnerables".
Algunos
funcionarios públicos comparten la preocupación de Thompson. "A mí
no me preocupa tanto el núcleo; me preocupa la piscina de combustible
gastado", le dijo el gobernador de Vermont, Howard Dean, al New
York Times (2 de noviembre). "Básicamente no hay protección allí".
Las piscinas, que
son típicamente cuencas rectangulares o en forma de L de unos 12 metros
de profundidad, con muros de concreto reforzado de 1.2 a 1.5 m. de ancho
que tienen un revestimiento de acero inoxidable. Las cuencas sin
revestimiento de acero son más susceptibles a las grietas y la corrosión.
La mayor parte de las cuencas de combustible agotado de los reactores de
agua en ebullición se encuentra dentro de los edificios de los
reactores a varios pisos sobre el nivel del suelo. Las piscinas de los
reactores de agua a presión (que constituyen cerca de las dos terceras
partes de todas las piscinas) están parcial o totalmente enterradas,
algunas veces sobre túneles o cuartos subterráneos.
Fuego y agua
Durante los últimos
25 años, Thompson, que es físico e ingeniero, ha trabajado en nombre
de grupos de ciudadanos y de gobiernos estatales y locales para
convencer a las autoridades reguladoras en materia nuclear de EE.UU. y
Europa de que las piscinas de combustible agotado representan un grave
riesgo. El riesgo más grave, dice, es la pérdida del agua de la
piscina que enfría y envuelve a los conjuntos de combustible agotado,
que son altamente radioactivos. Una pérdida de agua podría exponer el
combustible agotado, lo que provocaría un incendio catastrófico de
consecuencias potencialmente más desoladoras que las que causaría la
fusión de un reactor. La mayoría de los reactores en Estados Unidos
almacena su combustible agotado en piscinas de alta densidad. Si ese
combustible quedara expuesto al aire y al vapor, el revestimiento de
circonio reaccionaría de manera exotérmica y se incendiaría a cerca
de 1,000 grados centígrados. Es probable que el edificio de las
piscinas de combustible no resistiera, y el incendio se extendiera a las
piscinas cercanas. La Comisión Reguladora en Materia Nuclear (NRC)
admite que un incendio de este tipo no podría ser extinguido y podría
arder furiosamente durante varios días.
En promedio, las
piscinas de combustible agotado contienen de cinco a diez veces más
radioactividad de gran longevidad que el núcleo de un reactor. Lo que
resulta particularmente preocupante es la gran cantidad de cesio 137
presente en las piscinas de combustible, ya que contienen de 20 a 50
millones de curies de este peligroso isótopo. Con una vida media de 30
años, el cesio 137 emite radiación altamente penetrante y es absorbido
en la cadena alimenticia como si fuera potasio. Según la NRC, hasta un
100% del cesio 137 de una piscina se liberaría al ambiente en un
incendio.
En comparación,
el accidente de 1986 en Chernobyl liberó en la atmósfera
aproximadamente el 40% de los seis millones de curies de cesio 137 que
tenía el núcleo del reactor, lo que ocasionó un número masivo de
exposiciones radioactivas fuera del sitio. Una sola piscina de
combustible agotado contiene más cesio 137 que el que fue depositado
por todos los ensayos atmosféricos de armas nucleares en el Hemisferio
Norte.
Si un incendio
estallara en la piscina de combustible agotado de la Unidad 3 del
Reactor Millstone, en Connecticut, produciría una exposición a la
radiación tres veces mayor que la natural. Este nivel de radiación
provocaría la puesta en vigor de la medida de evacuación de la NRC, y
podría dejar inhabitables cerca de 75,000 km. cuadrados de tierra, según
Thompson. Como el estado de Connecticut tiene una extensión de sólo
unos 13,000 km. cuadrados, un accidente en Millstone podría afectar
severamente a Long Island e incluso a la ciudad de Nueva York.
Un informe que
elaboró el Laboratorio Nacional de Brookhaven para la NRC en 1997 también
encontró que un incendio grave en una piscina podría dejar
inhabitables unos 487 km. cuadrados, causar hasta 28,000 muertes de cáncer
y costar U.S. $59 mil millones en daños. (El estudio de Brookhaven
utilizó un estándar de inhabitabilidad diferente al de Thompson).
Aunque las estimaciones varían, "el uso de un poco de imaginación",
dice Thompson, "muestra que un incendio en una piscina sería un
desastre regional y nacional de proporciones históricas".
Varios
acontecimientos podrían ocasionar una
pérdida
de agua de una piscina, incluyendo fugas, evaporación, sifonamiento,
bombeo, el impacto de una aeronave, temblores, la caída accidental o
intencional de un cofre de transporte de combustible, la avería de un
reactor o una explosión dentro o fuera del edificio de las piscinas.
Los funcionarios de la industria sostienen que el personal tendría
tiempo suficiente para activar un sistema de enfriamiento alternativo
antes de que el combustible agotado se incendiara. Pero si el nivel del
agua bajara hasta sólo aproximadamente un metro por encima del
combustible agotado, las dosis de radiación en el edificio de las
piscinas serían letales.
Aún no se han
formalizado, y mucho menos probado, los procedimientos que los
responsables del manejo del combustible necesitan seguir para reconocer
problemas, reparar equipo fuertemente dañado y requerir recursos de
fuera del sitio. Pero si las operaciones rutinarias sirven de indicación,
no todos los reactores pasarían la prueba: según admite la propia NRC,
los aumentos significativos en la temperatura de las piscinas de
combustible han pasado desapercibidos durante días.
Vieja política,
problemas más viejos
Con el paso de los
años, la persistencia de Thompson ha valido la pena, ya que la NRC, a
regañadientes, ha hecho importantes concesiones. Durante 20 años la
NRC dio por sentado que el combustible agotado envejecido, que se ha
mantenido varios años para que los isótopos radioactivos se degraden,
corría un riesgo mínimo de incendiarse. Pero en un estudio realizado
en octubre de 2000 sobre los riesgos del combustible agotado, en
emplazamientos donde los reactores habían sido dados de baja, la NRC
admitió que "la posibilidad de un incendio de circonio no puede
descartarse, ni siquiera muchos años después de la clausura definitiva
de un reactor".
De hecho, el
equipo que se instala para hacer seguras las piscinas de alta densidad
aumenta el riesgo de incendio, de manera particular en el caso del
combustible agotado envejecido. En las piscinas de alta densidad de los
reactores de agua a presión, los conjuntos combustibles se colocan a
una distancia aproximada de entre 23 y 27 cm. entre sí-distancia
ligeramente mayor que la que tienen dentro de un reactor. Para compensar
el mayor riesgo de criticidad, las piscinas han sido reconvertidas con
mejores controles químicos del agua y paneles absorbentes de neutrones
entre los conjuntos. Los dispositivos adicionales restringen la
circulación del agua y el aire, lo cual crea vulnerabilidad a fallas
sistémicas. Si el equipo se desplomara o sufriera una avería, como
podría suceder, por ejemplo, durante un ataque terrorista, se obstruiría
el flujo de aire y agua a los conjuntos combustibles expuestos, lo que
provocaría un incendio, según el informe de la NRC. El calor convertiría
el agua restante en vapor, el cual interactuaría con el circonio,
empeorando el problema al producir hidrógeno inflamable y explosivo.
Por consiguiente, la NRC concluyó que "no es factible, sin
numerosas restricciones, definir un nivel genérico de calor producido
por la degradación de combustible (ni, por lo tanto, el tiempo de
desintegración) mas allá del cual un incendio con circonio no es
posible físicamente".
Quizá la admisión
más importante fue la que se hizo en junio de 2001, cuando el personal
de la NRC reportó que las amenazas terroristas contra las piscinas de
combustible agotado son creíbles y no pueden descartarse. "Hasta
hace poco, el personal de la NRC creía que la "amenaza básica de
diseño" [es decir, la mayor amenaza posible que debe considerarse
en la construcción de una planta] de un sabotaje radiológico no podría
causar un incendio de circonio. Sin embargo, [las políticas de
seguridad de la NRC con relación al almacenamiento de combustible
agotado] no corroboran la aseveración de un peligro menor para la salud
y seguridad públicas, dadas las posibles consecuencias de un
sabotaje".
A pesar de su
reconocimiento de los peligros de las piscinas de combustible agotado,
la capacidad de la NRC para adaptarse a un mundo mucho más peligroso
está aún por verse. Después de los atentados del 11 de septiembre, la
NRC tardó 10 días en admitir que las "plantas nucleares no fueron
diseñadas para resistir el impacto de un avión comercial". Aunque
esta declaración recibió una amplia cobertura de los medios, la NRC no
estaba haciendo más que reiterar los resultados de una vieja política.
En 1982 la Junta
de Seguridad Atómica y Licencias de la NRC resolvió que los
propietarios de los reactores "no están obligados a diseñar [sus
instalaciones] para resistir acontecimientos como . . . el impacto de un
avión grande en picada. Los reactores no podrían protegerse
efectivamente contra tales ataques sin que se les transformara en
fortalezas virtualmente inexpugnables, a un costo mucho más
elevado". Este punto de vista es apoyado por otra política de la
NRC, que también data de mucho tiempo y que excluye la consideración
de posibles actos terroristas en las diligencias relativas al
otorgamiento de licencias. Debido a que los actos terroristas son
impredecibles - razona la NRC - son ajenos a los requerimientos de
seguridad. Increíblemente, al día siguiente de los atentados del 11 de
septiembre, la NRC resolvió que las preocupaciones sobre el terrorismo
expresadas por la agrupación Georgians Against Nuclear Energy (GANE)
con relación a la mezcla de plutonio en el combustible nuclear de la
planta del Departamento de Energía en Savannah River carecían de
fundamento porque "GANE no ha demostrado que los actos terroristas
. . . estén dentro del ámbito de los acontecimientos razonablemente
previsibles'".
Se empieza a
agotar el espacio
La NRC está
revisando actualmente sus políticas de seguridad "desde arriba
hasta abajo", y está "trabajando las 24 horas del día para
asegurar la protección de las plantas nucleares y las instalaciones de
combustible nuclear", según le dijo un portavoz de la NRC, Victor
Dricks, al Washington Post el primero de noviembre. "Todo está
sobre la mesa. Quisiera decirle que todo va a estar bien, pero no lo
puedo hacer".
¿Será suficiente
tener más rejas, guardias y pistolas? Unas 40,000 toneladas de
combustible nuclear agotado están almacenadas en las piscinas de 110
emplazamientos de reactores, tanto en operación como clausurados, en
todo Estados Unidos, con más de 2,000 millones de curies de
radioactividad de gran longevidad. El Departamento de Energía estima
que durante los próximos años se requerirá espacio de almacenamiento
para una cantidad adicional de 11,000 toneladas de combustible agotado.
Los propietarios
de las plantas ya están realizando trabajo de cabildeo para que se amplíe
el espacio. Por ejemplo, la planta Millstone, en Connecticut, tiene 585
conjuntos combustibles en la piscina de la Unidad 3 del reactor. Pero el
propietario de Millstone, la Dominion Nuclear Connecticut Inc., está
solicitando permiso de la NRC para ampliar la piscina para que tenga
capacidad para 1,860 conjuntos.
Las piscinas de
combustible gastado fueron diseñadas para que fueran temporales y para
que almacenaran sólo una pequeña fracción de la cantidad de
combustible que actualmente tienen. "Ni la AEC [Comisión de Energía
Atómica, ahora Departamento de Energía] ni los organismos operadores
previeron la necesidad de almacenar en los sitios de operación grandes
cantidades de combustible agotado", dijo la empresa propietaria de
Millstone en octubre del año pasado. "El procesamiento comercial
en gran escala nunca se concretó en EE.UU. Como consecuencia, las
plantas nucleares en operación estaban obligadas a manejar cantidades
cada vez mayores de combustible irradiado. . . . Esto ha pasado a ser
una realidad para las plantas nucleares".
La política de la
NRC que permite una ampliación del almacenamiento en las piscinas se
basa en la hipótesis de que algún día el gobierno desechará
permanentemente todo el combustible agotado, en conformidad con lo
requerido por la Ley de Políticas de Desechos Nucleares, que data de
1982. Pero el Departamento de Energía no aceptará la custodia de
combustible agotado sino hasta 2010, por lo menos--si es que lo acepta
algún día. Aun si el Departamento de Energía y la administración
Bush logran superar la formidable oposición a la apertura de un depósito
propuesto para "Yuca Mountain", en Nevada, el transporte de
varios miles de embarques de residuos altamente radioactivos podría
entrañar un riesgo considerable.
Soluciones al
problema del almacenamiento
A la luz de la
admisión de la NRC acerca de las vulnerabilidades del combustible
agotado, parece que sería más fácil causar un accidente en una
piscina de combustible agotado que romper múltiples cofres de concreto
y acero reforzado para almacenamiento en seco y liberar los contenidos
radioactivos. El uso de cofres y otras alternativas de almacenamiento
reduciría enormemente, o incluso eliminaría, los riesgos de un
incendio en una piscina. Un puñado de propietarios de reactores ha
colocado sólo el cuatro por ciento del total de combustible agotado del
país en almacenamiento en seco.
Hoy en día la
presión que sienten los propietarios de los reactores debido a la
desregulación de la industria eléctrica mina los esfuerzos a favor de
la seguridad nuclear. Según un informe sobre la desregulación de los
servicios públicos y la energía nuclear realizado por la Nukem
Corporation, "En esta era de desregulación no habrá ningún
conjunto de clientes cautivos que sufrague costos de operación antieconómicos
o adiciones masivas de capital". Debido a la desregulación, los
propietarios de muchos reactores son compañías de responsabilidad
limitada, con pocas-o ninguna-reservas de efectivo. No existe ningún
incentivo financiero para que trasladen los desechos a almacenamiento en
seco más seguro.
Otros países están
tomando muy en serio las vulnerabilidades del combustible agotado.
Alemania está buscando la manera de proteger mejor, en recipientes aún
más robustos de almacenamiento en seco, su combustible agotado. Francia
ha instalado misiles antiaéreos alrededor de sus piscinas de
combustible agotado en las instalaciones de reprocesamiento de La Hague,
donde se encuentran almacenados unos 100 millones de curies de cesio
137. Lo que Estados Unidos hará para proteger al público de esta grave
vulnerabilidad nuclear está aún por verse.
La eliminación permanente del combustible agotado de los
reactores comerciales parece ahora una abstracción mayor que un golpe
terrorista contra una planta nuclear. Asegurar la protección del
combustible agotado que se encuentra en las piscinas, a casi su
capacidad, debería ser una prioridad de seguridad pública del más
alto nivel. Si los acontecimientos del 11 de septiembre nos han enseñado
algo, es que la guerra contra el terrorismo será una lucha
impredecible. El costo de eliminar las vulnerabilidades nucleares de
Estados Unidos puede ser alto, pero el precio de hacer demasiado poco es
incalculable.-EcoPortal.net
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*
Robert Alvarez
Ex asesor en jefe sobre políticas del Departamento de Energía,
y actualmente académico de alto nivel del Institute for Policy Studies.
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DECLARACIÓN
FINAL DE LA CONFERENCIA INTERNACIONAL SOBRE URANIO EMPOBRECIDO CELEBRADA EN GIJÓN
EL 26 Y 27 DE NOVIEMBRE DE 2000
Con motivo de la aparición de casos de leucemia y fallecimientos
asociados a esta enfermedad en soldados de la OTAN desplegados en Kosovo,
incluido un soldado español, remitimos la Declaración final de la Conferencia
Internacional Uranio Empobrecido: Aspectos sanitarios, ecológicos, legales y
económicos del empleo de armamento radioactivo convencional, organizada por el
Comité de Solidaridad con la Causa Árabe (CSCA) el pasado 26 y 27 de noviembre
en Gijón, así como un texto explicativo sobre qué es el uranio empobrecido y
su posible asociación con el denominado Síndrome de la Guerra del Golfo y los
casos registrados en los Balcanes. Las ponencias presentadas en dicha
Conferencia por científicos y especialistas de distintos países y por
veteranos de EEUU y Gran Bretaña están siendo preparadas para su edición en
castellano.
¿QUÉ ES EL
URANIO EMPOBRECIDO?
El uranio empobrecido es un residuo obtenido de la producción del
combustible destinado a los reactores nucleares y las bombas atómicas. El
material que se utiliza en la industria civil y militar nuclear es el uranio
U-235, que es el isótopo que puede ser fisionado. Como este isótopo se
encuentra en muy bajas proporciones en la naturaleza, el mineral de uranio ha de
ser enriquecido, es decir, ha de aumentarse industrialmente su proporción de isótopo
U-235. Este proceso produce gran cantidad de desechos radiactivos de uranio
empobrecido, así denominado porque está compuesto principalmente por el otro
isótopo de uranio no fisionable, el U-238 y una mínima proporción del U-235.
Desde 1977 la industria militar norteamericana emplea uranio empobrecido
para revestir munición convencional (artillería, tanques y aviones), para
proteger sus propios tanques, como contrapeso en aviones y misiles Tomahawk, y
como componente de aparatos de navegación. Ello es debido a que el uranio
empobrecido tiene unas características que lo hacen muy atractivo para la
tecnología militar: en primer lugar, es extremadamente denso y pesado (1 cm3,
pesa casi 19 gramos), de tal manera que los proyectiles con cabeza de uranio
empobrecido pueden perforar el acero blindado de vehículos militares y
edificios; en segundo lugar, es un material pirofórico espontáneo, es decir,
se inflama al alcanzar su objetivo, generando tanto calor que provoca su explosión.
Después de más de 50 años de producción de armas atómicas y de energía
nuclear, EEUU tiene almacenadas 500.000 toneladas de uranio empobrecido, según
datos oficiales. El uranio empobrecido es también radiactivo y tiene una vida
media de 4,5 mil millones de años. Por ello, estos desechos han de ser
almacenados de forma segura durante un período de tiempo indefinido, un
procedimiento extremadamente caro. Para ahorrar dinero y vaciar sus depósitos,
los Departamentos de Defensa y de Energía ceden gratis el uranio empobrecido a
las empresas de armamento nacionales y extranjeras. Además de EEUU, países
como Reino Unido, Francia, Canadá, Rusia, Grecia, Turquía, Israel, las monarquías
del Golfo, Taiwan, Corea del Sur, Pakistán o Japón compran o fabrican armas
con uranio empobrecido.
Cuando un proyectil impacta contra un objetivo el 70% de su revestimiento
de uranio empobrecido arde y se oxida, volatilizándose en micropartículas
altamente tóxicas y radiactivas. Estas partículas, al ser tan pequeñas,
pueden ser ingeridas o inhaladas tras quedar depositadas en el suelo o al ser
transportadas a kilómetros de distancia por el aire, la cadena alimenticia o
las aguas. Un informe técnico de 1995 del Ejército norteamericano señala que
"si el uranio empobrecido penetra en el cuerpo tiene la potencialidad de
provocar graves consecuencias médicas. El riesgo asociado es tanto químico
como radiológico". Depositados en los pulmones o los riñones, el uranio
238 y los productos de su degradación (torio 234, protactinio y otros isótopos
de uranio) emiten radiaciones alfa y beta que provocan muerte celular y
mutaciones genéticas causantes, al cabo de los años, de cáncer en los
individuos expuestos y de anormalidades genéticas en sus descendientes.
En sus 110.000 ataques aéreos contra Iraq, los aviones A-10 Warthog de
EEUU lanzaron 940.000 proyectiles con uranio empobrecido, y en la ofensiva
terrestre sus tanques M60, M1 y M1A1 dispararon otros 4.000 proyectiles también
revestidos de uranio. Se estima que en la zona hay 300 toneladas métricas de
desechos radiactivos, que podrían haber afectado ya a 250.000 iraquíes. Tras
la Guerra del Golfo, investigaciones epidemiológicas iraquíes e
internacionales han permitido asociar la contaminación ambiental debida al
empleo de este tipo de armas con la aparición de nuevas enfermedades de muy difícil
diagnóstico (inmunodeficiencias graves, por ejemplo) y el aumento espectacular
de malformaciones congénitas y cáncer, tanto en la población iraquí como
entre varios miles de veteranos norteamericanos y británicos y en sus hijos,
cuadro clínico conocido como Síndrome de la Guerra del Golfo. Síntomas
similares al de la Guerra del Golfo se han descrito entre un millar de niños
residente en áreas de la antigua Yugoslavia donde en 1996 la aviación
norteamericana recurrió también a bombas con uranio empobrecido, al igual que
durante la intervención de la OTAN contra la Federación Yugoslava de 1999.
DECLARACIÓN
FINAL
Los participantes en el Seminario Internacional Uranio empobrecido:
Aspectos Sanitarios, ecológicos, legales y económicos del empleo de armamento
radiactivo convencional, convocado en Gijón, España, los días 25 y 26 de
noviembre del 2000 por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, en el
marco del Campaña Estatal por el Levantamiento de las Sanciones a Iraq (CELSI).
Habiendo sido informados del uso masivo, indiscriminado y premeditado de
armamento de Uranio Empobrecido (U.E.) durante la guerra del golfo en 1991
contra Irak y sus gravísimas consecuencias sobre la salud y el medio ambiente,
y de su uso de nuevo contra Yugoslavia en 1999.
Considerando las evidencias de la asociación entre el empleo de
armamento de Uranio Empobrecido en áreas de experimentación y en las
intervenciones contra Irak y la ex República Federal Yugoslava y el incremento
de afecciones y enfermedades tanto entre los combatientes como a las
poblaciones.
Considerando el articulado de la Sexta Convención de la Haya y de la
Convención de Ginebra y sus dos Protocolos adicionales relativos a las
restricciones del uso de la fuerza en los conflictos militares y la protección
de poblaciones civiles en tiempo de guerra, de la Carta de Naciones Unidas y la
declaración de Derechos Humanos, de sucesivas resoluciones de la Asamblea
General de NNUU así como del Subcomité para la Prevención de la Discriminación
y Protección de las Minorías, en concreto la 1996/16 del 29 de agosto de 1996.
Considerando las resoluciones elaboradas con anterioridad sobre esta
materia por distintas organizaciones internacionales, en concreto la del
International Action Center de 1996 y la de la conferencia de Bagdad de mayo de
1999,
EXIGEN:
Que se considere el armamento y el equipamiento militar fabricado con
Uranio Empobrecido como armamento NO convencional, gravemente peligroso para la
salud de las poblaciones y la conservación del medio ambiente.
Que se considere el uso del armamento uranio empobrecido como delito de
Crímenes de Guerra y contra la Humanidad, punible en consonancia con la
legislación internacional.
La prohibición internacional de la fabricación, almacenamiento,
comercialización, posesión, ensayo y uso de armamento y de todo tipo de
equipamiento militar con Uranio Empobrecido.
La destrucción de todo tipo de armamento e equipamiento militar
fabricado con uranio empobrecido, así como el almacenamiento seguro de los
deshechos de ello derivado, y de las actuales reservas de uranio empobrecido.
La descontaminación de los territorios que se han visto afectados por la
polución por uranio empobrecido, incluyendo tanto las áreas próximas a los
centros civiles y militares de tratamiento de uranio empobrecido, de fabricación
de armamento con este material y de su experimentación, así como de los
escenarios de combate, en concreto, los países de las regiones del Golfo y de
los Balcanes, muy particularmente Irak y la República Federal Yugoslavia.
La plena asistencia sanitaria y técnica a los países mencionados para
atender a los afectados por la contaminación derivada del uso de este tipo de
armamento.
La plena clarificación por parte de los gobiernos de EEUU, Gran Bretaña
y demás miembros de la OTAN sobre el empleo de este tipo de armamentos. Los
gobiernos de estos países son considerados responsables de las consecuencias
directas del uso de este tipo de armamento y por ello responsables de la
limpieza de las áreas afectadas, estando obligados a proveer plenas
compensaciones por todos lo danos causados en sus agresiones contra Irak y
Yugoslavia.
El inmediato y completo levantamiento de las sanciones impuestas a Irak
como requisito imprescindible para que el pueblo y el gobierno de Irak puedan
hacer frente a las graves consecuencias que el empleo masivo de armamento con
uranio empobrecido durante la intervención de 1991 y las sucesivas agresiones
contra este país diariamente en las llamadas Áreas de Exclusión.
El compromiso del Secretario General de las Naciones Unidas para que tome
las medidas apropiadas para que este organismo internacional aborde de manera
inmediata el análisis con detenimiento de las consecuencias sobre la salud y el
medio ambiente del uso del uranio empobrecido a partir de las evidencias
acumuladas en los últimos años y proceda en consecuencia a su prohibición.
Finalmente, los participantes en este Seminario desean reiterar su plena
solidaridad y apoyo a todas las personas afectadas por este tipo de armamento en
Irak y Yugoslavia así como con los veteranos afectados por el denominado Síndrome
del Golfo, una solidaridad que en estos momentos no podemos dejar de hacer
extensible al pueblo palestino.
Gijón
a 26 de noviembre de 2000
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