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¿Es
sustentable ambientalmente el
.
crecimiento capitalista? .
Antonio Elizalde
No existe un problema económico... Lo que existe es un problema moral.
(E. F. Schumacher)
Intentaré en el presente artículo presentar una argumentación para
demostrar la inviabilidad ambiental del desarrollo capitalista, en su actual
forma de organización de las fuerzas productivas. Para cumplir el objetivo
anterior presentaré un conjunto de tesis en la forma de argumentos.
Argumento 1. 1
No es posible un crecimiento económico sustentable. Casi todos los autores y
analistas de la sociedad actual tienden a coincidir que el Capitalismo, en su
expresión actual, es la culminación de la Ideología del Progreso, vale decir de aquella concepción de la
historia y del universo en la cual se piensa a ésta como un proceso sostenido y
continuo de evolución ascendente, desde formas más simples hacia formas más
complejas, donde la expresión de la voluntad humana no tiene límites. Esta
visión sostiene que los únicos límites posibles de reconocer son los
autoimpuestos, por razones éticas o políticas. Todos los otros límites: físicos,
ecológicos, económicos, son susceptibles de ser superados (o transgredidos) con
el auxilio de la principal herramienta de que dispone la especie humana: su
tecnología. Sin embargo, dicha concepción entra en una profunda contradicción
con lo que nos señalan las ciencias naturales, como la física y la biología, que
nos dicen que: en el universo todo tiene límites.
La siguiente cita de Herman E. Daly es enormemente esclarecedora: "Las
afirmaciones de lo imposible son el fundamento mismo de
la ciencia. Es imposible: viajar a más velocidad que la de la luz, crear o
destruir materia-energía, construir una máquina de movimiento perpetuo, etc.
Respetando los teoremas de lo imposible evitamos perder recursos en proyectos
destinados al fracaso. Por eso los economistas deberían sentir un gran interés
hacia los teoremas de lo imposible, especialmente el que ha de demostrarse aquí:
que es imposible que la economía del mundo crezca liberándose de la pobreza y de
la degradación medioambiental. Dicho de otro modo el crecimiento sostenible es
imposible. En sus dimensiones físicas, la economía es un subsistema abierto del
ecosistema terrestre que es finito, no creciente y materialmente cerrado.
Cuando el subsistema económico crece, incorpora una proporción cada vez mayor
del ecosistema total, teniendo su límite en el cien por cien, si no antes. Por
tanto su crecimiento no es sostenible. El término "crecimiento sostenible"
aplicado a la economía, es un mal oxymoron: autocontradictorio como prosa, y
nada evocador como poesía." (1)
Argumento 2 La tecnología no puede superar lo imposible. El notable éxito que ha
tenido Occidente, en relación a otras experiencias civilizatorias, dice relación
con el enorme poder que ha mostrado la tecnología para transformar nuestra
realidad material. Este fenómeno nos ha llevado a creer que
la Tecnología tiene una capacidad ilimitada para resolver cualquier tipo
de problemas; que todo es cuestión del tiempo requerido para encontrar la
solución.
Esta concepción se sustenta en la evidencia que la propia historia nos presenta
respecto a como fueron superándose, gracias al avance científico y tecnológico,
problemas que en un momento dado fueron considerados como casi insolubles y
graves amenazas para la supervivencia humana, por ejemplo: las pestes y
hambrunas ocurridas en Europa durante los siglos XVII y XVIII, o las situaciones
de miseria generalizada que caracterizaron los momentos iniciales del
capitalismo industrial. Esto es así, pero la situación presente es
sustantivamente diferente.
En un artículo anterior (2) hice referencia al fenómeno que denominé aceleración
del tiempo histórico y descoyuntamiento del tiempo físico. Hoy estamos llevando
a cabo mediante nuestras formas de existencia transformaciones tan radicales en
la naturaleza que equivalen a lo ocurrido durante millones de años de evolución
geológica del planeta, alterando de forma sustantiva los frágiles equilibrios
que hacen posible la existencia de la biósfera y por supuesto de nuestra
vida. .
"De todos los recursos que el hombre ya retiró de la tierra, la mitad fue
gastada en los miles de años anteriores a 1922. La otra mitad fue desenterrada
desde 1922 para acá, o sea en menos de 70 años. La velocidad, en la vida de hoy,
es tremenda." (3) A fines del año 1994, participé en México en una reunión con
campesinos que se efectuó en las cercanías de Dolores Hidalgo, a una distancia
de alrededor de 300
kilómetros de Ciudad de México.
Cuando les pregunté, por qué no construían embalses ya que sus suelos eran de
secano, me contestaron que no podían hacerlo porque la ley se los prohibía. Les
pregunté entonces por qué no perforaban pozos y me señalaron que las aguas
subterráneas están reservadas, constitucionalmente, para abastecer las
necesidades de Ciudad de México. Campesinos, imposibilitados de trabajar la
tierra en forma adecuada debido a la sed de los casi 20 millones de habitantes
de una ciudad situada a
300 kilómetros de distancia.
La tecnología no puede dar respuestas frente al uso alternativo de recursos
escasos. En esos casos habrá inevitablemente que optar. Hay quienes afirman que
las guerras del futuro serán por el agua. Es muy posible como lo muestra la
anécdota anterior que sea así. El Grupo de Vezelay acuñó hace algunos años el
concepto de tiempo de respuesta: toda respuesta a un problema requiere de un
tiempo para ser elaborada; pero el tiempo requerido puede ser superior a aquel
en el cual el problema, que tiene su propia historia natural, alcance el nivel
crítico para el cual ya no habrá respuesta pues se habrá desbordado la
resciliencia del fenómeno.
Ejemplos de lo anterior pueden ser pandemias tipo SIDA o Ebola o la
eutroficación de ríos y lagos por exceso de nutrientes. Uno de los principios
fundamentales del control de calidad afirma que: el índice de seguridad de
cualquier artefacto, no es la media, sino el producto de los índices de
seguridad de sus diferentes partes componentes. ¿Qué podemos deducir de lo
anterior?
Que cualquier producto humano, sea una máquina, una estructura, un sistema
social, un modo de producción o una estrategia de vida, se va complejizando en
la medida en que se le van agregando nuevos elementos, adicionales a los que ya
posee. Los productos provistos por nuestros sistemas productivos, los bienes
durables y o de consumo, nuestras organizaciones, todos los productos materiales
de nuestra cultura, son sistemas a los cuales les estamos agregando
crecientemente funciones, comandos adicionales: "perillas", para graficar mejor
la idea. Eso implica, en
consecuencia, que en la práctica esos elementos adicionales que se introducen,
incrementan las posibilidades de que dicho sistema falle. La única forma posible
que tal proceso no implique un creciente deterioro - ya que cada nuevo elemento
incorporado genera un incremento del nivel de riesgo o de propensión a la falla
-, es mediante un aumento o mantención del nivel de seguridad, para lo cual el
nuevo elemento incorporado deberá tener un índice mayor de seguridad que el del
sistema al cual se incorpora.
Es ese mejoramiento en los niveles de seguridad de los elementos incorporados,
el que permitió pasar desde los aviones de los píoneros de la aviación a los
actuales aviones comerciales. Pero este proceso también tiene sus límites. Como
lo demuestran muchos hechos que hemos conocido. Se hundió el Titanic, ha
fracasado muchas misiones espaciales, se han hundido submarinos nucleares, se
desploman edificios, se caen puentes, se producen lunes negros en las bolsas del
mundo, colapsan sistemas de telecomunicaciones, quiebran bancos, etc. ¿Por qué
ocurre lo anterior? Porque el cambio producido en cualquiera de estos sistemas,
es un cambio que se realiza gracias a la interrelación de muchísimas
dimensiones: políticas, económicas, financieras, tecnológicas, sociales,
culturales, incluso psicológicas.
Ningún inventor de armas, imaginó cuando la estaba inventando, que ella sería
usada por un fanático o un demente quien se iba a subir al techo de un edificio
para desde allí matar gente. Pero en la realidad, ese tipo de escenarios, es uno
de los riesgos inherentes que tiene cualquier producto que se diseñe en un
sistema como los sistemas tan complejos que constituimos los seres humanos. Y
aquí encontramos un problema fundamental. Nuestra experiencia cotidiana nos
demuestra que los niveles de seguridad de nuestros sistemas están fallando y
cada vez más. Cuando dichas fallas afectaban sólo ámbitos familiares o locales,
e incluso provinciales, no había mayores problemas, ya que el conjunto de la
humanidad no se sentía afectada.
.
Pero el modo de producción capitalista se ha ido expandiendo y se ha
globalizado. Cuando se inició el transporte de petróleo las primeras
embarcaciones transportaban algunos miles de toneladas. Hoy, sin embargo, los
supertanques transportan cientos de miles de toneladas; y los niveles de riesgo
son similares a los de los barcos más pequeños. Vamos, entonces, asumiendo
opciones de riesgo creciente, que ya no sólo nos involucran a nosotros, sino que
al resto de la humanidad, y a las generaciones
venideras. .
Lo paradojal, es que la búsqueda obsesiva de mayor imposición de nuestra
voluntad sobre la realidad, de mayor propositividad y de mayor deliberación, nos
conduce, inevitablemente, a una mayor impredictibilidad, a una mayor
incertidumbre, de no mejorarse la calidad, lo cual nos conduce, a que debamos
seguir intensificando perpetuamente, el cambio tecnológico. Pero la tecnología,
al igual que todo lo creado, aunque perfectible tiene un límite, más allá del
cual no puede trascender.
Argumento 3
.
El desarrollo económico occidental degrada sistemáticamente todo lo que la gente
valoraba y así destruye la matriz vital de
la humanidad. Ivan Illich
identifica como un rasgo característico del desarrollo económico de Occidente lo
que llama la producción social de valor negativo, y es aquel programa social que
en el nombre de un ideal materializado llamado "desarrollo" degrada los patrones
culturales mediante los cuales la gente a lo largo de la historia le ha dado
sentido a sus vidas y ha encontrado la alegría y el goce de vivir. Illich afirma
que:
"Se ha violado cierto principio geosófico, una sabiduría de
la Tierra. Gracias
al continuo flujo del ciclo del agua a través de la atmósfera, la capa vegetal y
la cultura humana, la tierra vive en una especie de sistema abierto. Ahora vemos
que la contribución de la cultura es decisiva para la vida de este sistema.
Proteger y aumentar la matriz suelo-agua del ambiente es una condición esencial
para el florecimiento y supervivencia de cualquier sociedad. Mediante la
intensificación y extensión del valor negativo, la sociedad occidental va en la
dirección opuesta.
Se encamina hacia la inevitable destrucción de esta delicada matriz. Ciudad de
México es la imagen misma de la modernidad, el microcosmos del Occidente actual.
Allí excretas, basura, venenos y calor residual no se puede transformar y radiar
de vuelta al ciclo cósmico. Las posibilidades mitológicas del cultivo humano se
ahogan bajo el manto pestilente de un miasma gris-amarillo. Ahora la Tierra se convierte en un montón de basura donde la acumulación de desechos
aniquila los ritmos de un planeta que vive y respira." (4) Señala asimismo, que
el estudio del valor negativo nos permite tomar conciencia de que el curso de
esta evolución tiene una historia y que su esencia es lo que hemos llamado
economía.
Que la historia del desarrollo económico occidental se puede rastrear partiendo
desde la escasez implícita de los comerciantes de Aristóteles, hasta llegar a la
destrucción de respuestas culturales autónomas a la condición humana y la
transformación de nuestro hermoso planeta en un basural pestilente.
Argumento 4. .
El crecimiento capitalista se basa en la permanente creación de necesidades,
muchas de ellas artificiales, para sostener la demanda por nuevos bienes que es
la que lo alimenta. La sociedad capitalista actual ancla su existencia en la
producción industrial de bienes de consumo masivo: bienes que requieren ser
permanentemente desvalorados y desechados, para así continuar creando nuevos
bienes que los sustituyan. El siguiente texto de André Gorz expone agudamente
este hecho: "¿De qué tenemos necesidad? ¿Qué deseamos? ¿Qué nos falta para que
podamos realizarnos, comunicarnos con los demás, llevar una vida más relajada, y
establecer relaciones más fraternales? La previsión económica, la economía
política, no tienen nada que hacer ante estas preguntas. Preocupadas solamente
de hacer funcionar la máquina, de hacer circular el capital, de mantener un
cierto nivel de empleo, nos fabrican las necesidades correspondientes a las
exigencias, en un momento dado, del aparato de producción y de circulación. Nos
inventan deliberada y sistemáticamente nuevas escaseces y carencias, nuevos
lujos y nuevas pobrezas, conforme a las necesidades de rentabilidad y de
crecimiento del capital. .
Este tiene a su servicio estrategas que saben manipular nuestros más secretos
resortes para imponer sus productos a través de los símbolos de que están
cargados. Hace veinte años, uno de los estrategas enseñaba su juego con candor:
su nombre es Stanley Resor, presidente de la J. Walter Thompson, una de las
mayores agencias de publicidad de Estados Unidos. Para Resor, "cuando aumentan
los ingresos, la creación de nuevas necesidades es lo más importante. Cuando se
pregunta a la gente: "¿Sabe usted que su nivel de vida aumentará en un 50 por
ciento en los próximos 10 años?", no tienen la menor idea de lo que eso quiere
decir. No reconocen la necesidad de un segundo coche a menos que se les recuerde
con insistencia. Esta necesidad tiene que ser creada en su ánimo y es preciso
hacerles ver las ventajas que les procurará el segundo
coche. .
Yo considero la publicidad como la fuerza de educación y de activación capaz de
provocar los cambios de la demanda que nos son precisos. Mostrando a mucha gente
un nivel de vida más elevado, aumentamos el consumo al nivel que nuestra
producción y nuestros recursos justifican." (5) Gorz concluye que es el
consumidor el que está al servicio de la producción, para así asegurar a ésta
las salidas que reclama; que es el consumidor quien tiene que irse adaptando a
los requerimientos de las producciones que los cambios tecnológicos indican como
las más rentables en determinadas circunstancias. Afirma por otra parte, que
ello es indispensable para que la sociedad pueda perpetuarse, y así reproducir
sus desigualdades jerárquicas y mantener incólumes sus mecanismos de dominación.
Argumento 5. .
El
crecimiento capitalista contiene una paradoja, crea bienes que se transforman en
males, ya que todo bien superada cierta escala se transforma en mal. El mismo
André Gorz en un magnífico artículo (6), demuestra con el caso del automóvil,
como gran parte de los bienes propios de la modernidad solamente mantienen su
carácter de bien, mientras sean escasos y accesibles únicamente a
minorías. .
En el momento en el cual estos se masifican dejan de ser bienes y se transforman
en males. La ilusión del automovilista de transitar a altas velocidades desde un
punto del territorio a otro en el momento en que se le ocurra, sólo es posible
si existen pocos automóviles. Si todos los habitantes de una ciudad poseen
automóvil no será posible para nadie desplazarse hacia ningún punto, salvo que
se establezcan regulaciones extremas. La sociedad capitalista posee en su
naturaleza un carácter excluyente que hace que sólo pueda ofrecer beneficios que
se sustentan en el juego suma cero: si alguien gana es porque otro lo pierde.
El antropólogo norteamericano Marvin Harris (7) ha realizado un brillante
análisis de la sociedad norteamericana contemporánea, en el cual demuestra como
la calidad de vida de esa nación se ha ido deteriorando debido a los procesos de
producción de obsolescencia planificada. El señala que los bienes adquiridos
tienen una vida útil determinada desde los procesos productivos que raramente
coincide con las expectativas respecto al tiempo de uso que los consumidores
tienen respecto a dichos bienes. Los necesarios procesos de creación de
servicios técnicos y los costos para el consumidor de las reparaciones que debe
realizar a los artefactos de diversa índole que conforman su equipamiento
hogareño o laboral, reflejan según Harris un proceso de inflación encubierta.
Asimismo esta obsolescencia incrementa los niveles de derroche, desperdicio y
refuerza la carga sobre el ambiente, mediante la producción de basura y de
nuevas demandas de materias primas extraídas del medio natural. De modo tal que
muchos bienes durables e incluso bienes de capital, por la lógica interna del
capitalismo, son transformados de bienes - que proveen calidad de vida o riqueza
mediante la creación de nuevos bienes -, en males, ya que son transformados en
chatarra o basura (valor social negativo), constituyéndose en una carga para el
ambiente. Pero hay otra forma como la sociedad capitalista contemporánea va
transformando, cual moderno Midas, todo lo que toca en basura y es mediante su
adicción al gigantismo. El economista austriaco Leopold Kohr señala que ni el
mundo desarrollado ni el mundo subdesarrollado han tomado aún conciencia de que
existe el hiperdesarrollo, ya que transgredidos ciertos límites el progreso
tecnológico no sólo deja de ser una solución en la lucha de la humanidad por el
avance social, sino que llega a convertirse en su peor obstáculo. Y argumenta lo
siguiente: "El tamaño adecuado de un diente depende de la función de
masticación, de triturar los alimentos para hacerlos digeribles, sin herir en el
proceso a la boca en la cual se halla fijado. Si fuera mayor no resolvería el
problema de crecimiento, sino que crearía uno más grave de forma... De modo
semejante, el cuerpo humano, la concha de un caracol, una casa, una camisa, una
escuela, un teatro, un Parlamento, un aeropuerto y cualquier cosa que queramos
nombrar tienen unos límites de tamaño determinados por sus funciones. Como el
biólogo de Cambridge D'Arcy Thompson ha mostrado en su magistral estudio On
Growth and Form (Sobre el crecimiento y la forma, H. Blume Ed., 1981) si un
caracol añadiera un solo anillo a la compacta estructura de su concha después de
que ésta alcanza el tamaño apropiado, su volumen aumentaría dieciséis veces, con
el resultado de que la concha diseñada para cobijar al caracol, se haría pedazos
bajo el inútil sobrepeso..." (8) "... la misma abundancia crea un problema en
vez de resolver uno. Lo mismo es cierto para la mayoría de los bienes que el
progreso nos ha dispensado tan pródigamente, de servicios médicos a coches,
pasando por neveras, casas e incluso vacaciones. Han dejado de ser lujos para
convertirse en artículos reparadores en cosas necesarias, no para mejorar la
vida, sino simplemente para ayudarnos a combatir las dificultades adicionales
derivadas de vivir a tan vasta escala. Como la mayor producción de tabletas de
aspirina ha dejado de ser la medida de nuestros estándares sanitarios para pasar
a ser el índice de las jaquecas que no padecíamos cuando vivíamos en sociedades
más pequeñas, menos irritantes..." (9)
Argumento 6. .
La principal de las eficiencias: la eficiencia reproductiva, es la que el
desarrollo capitalista no reconoce. Lo limitado de nuestro horizonte temporal,
nos hace imposible darnos cuenta que en una perspectiva evolutiva de largo
plazo, la única eficiencia válida es la eficiencia reproductiva. En el proceso
de la vida, todo organismo vivo se desarrolla en interacción con su ambiente, y
dicha interacción que es propiamente la vida de ese organismo vivo, le permite a
éste hacerse a sí mismo modificando o transformando su ambiente, para que le
haga posible su existir. Cuando un ser vivo, en cuanto individuo, fracasa en
este propósito, muere.
Cuando un conjunto de seres vivos, en cuanto especie, fracasan en este
propósito, se extinguen. Franz Hinkelammert nos hace notar que: "Un sistema de
mercados que no está expuesto a resistencias correctivas, se comporta de modo
fragmentario frente a los conjuntos interdependientes de la división social del
trabajo y de la naturaleza. Se trata de una "tecnología fragmentarizada" (piece-meal-tecnology)
como lo afirma Popper.
Como tal interviene sin ningún criterio de orientación en relaciones
interdependientes. Cuanto más se celebra esta tecnología fragmentaria como la
única tecnología realista, con más rapidez se destruye los sistemas
interdependientes de la división social del trabajo y de
la naturaleza. Una
acción orientada predominantemente por los criterios del mercado, no puede
prever ni evitar este resultado. .
El sistema de mercado resulta ser un sistema compulsivo. Si se lo deja operar
según las indicaciones de su "mano invisible", obliga a
la catástrofe. Las
oportunidades del mercado y su aprovechamiento son compulsivas, pero tienen que
ser calculadas fragmentariamente.
O se pierde en la competencia, o se participa en la destrucción de los
fundamentos de la vida de nuestro planeta. Para ganar en la competencia se
destruye las fuentes de la riqueza. En el sistema de mercado no existe sino la
alternativa: ahorcado o fusilado. Dado que en el mercado total la competencia es
lo único intocable, esta competencia promueve el proceso de destrucción." (10)
Habitualmente se tiende a olvidar que el fin último de la competencia es
eliminar la competencia del mercado, logrado esto desaparece
la competencia. Es
decir surge el monopolio: aquello que se buscaba evitar es lo que se obtiene
finalmente.
Argumento 7. .
El capitalismo realiza la construcción social de
la obsolescencia La
sociedad capitalista de consumo masivo ha ido transformando de una manera
radical los valores propios de las sociedades tradicionales. Ha destruido los
valores de la cooperación y de la convivialidad, ha destruido los valores de la
solidaridad y de la fraternidad. Ha
fomentado el individualismo extremo y una suerte de consumismo patológico, lo
cual ha comenzado a comprometer incluso el futuro. En el pasado no tan lejano
tal vez, para las generaciones nacidas a comienzos de siglo, la práctica social
dominante era la adquisición de bienes de consumo durable con los ahorros, que
habían sido producto de largos períodos de privaciones pasadas. Y sólo en el
caso de una tragedia o de una inversión significativa para el bienestar del
grupo familiar se recurría a algún tipo de endeudamiento, siempre y cuando éste
no comprometiese significativamente las decisiones futuras. Wiilis Harman
presenta la profunda mutación cultural desde una "sociedad frugal" a una
"sociedad consumidora" experimentada especialmente por la sociedad
norteaméricana. Allí se aprendió a malgastar, a usar y botar las cosas, a
sentirse insatisfecho incluso con el último modelo de automóvil y a anhelar el
nuevo modelo. Señala asimismo que: "Un cambio cultural relacionado fue en la
actitud hacia la deuda. La gente que había tenido previamente una ética de ahorrar
hasta lo que podían dar, ahora aprendieron a comprar a crédito - comprar ahora y
pagar después (o mejor aún, compre ahora, pida prestado después).
Las corporaciones adquirieron altas deudas, en algunos casos reemplazando el
financiamiento mediante emisiones de acciones sin intereses fijos por el
financiamiento por medio de créditos. Los gobiernos nacional y municipales
encontraron políticamente más atractivo adquirir déficits que imponer tributos
como ellos adecuadamente hacían antes. Otro, cambio relacionado tiene que ver
con la aceptación de altas tasas de interés.
De nuevo un cambio en el lenguaje revela el profundo cambio cultural: en una
etapa anterior habían existido dos palabras en uso con connotaciones
completamente diferentes. "Interés" era una tarifa razonable cargada por un
crédito, mientras que "usura" significaba profitar del préstamo de dinero. La
distinción desapareció, y el cargar intereses a lo que había sido una vez
considerado tasas de usura llegó a ser un lugar común.
El efecto combinado de una psicología de deudor y altas tasas de interés tienen
una consecuencia particularmente perniciosa en el largo plazo. El efecto
inmediato ha sido que, por cada dólar que una familia gaste,
30 a 50 centavos van a
servicios de la deuda, mucha de ella oculta.
Cada persona, rica y pobre del mismo modo, destina un tercio o un medio de sus
gastos totales en pago directo o indirecto de intereses. Sin embargo, un grupo
mucho más pequeño tiene un exceso de dinero para prestar (o invertir) así que
ellos reciben intereses. El efecto neto es de un sistema redistributivo
penetrante y pernicioso, cambiando intransigente dinero desde aquellos que
tienen menos a los que tienen más.
Con el tiempo, esta injusta tendencia de la economía a concentrar la riqueza
está destinada a resultar en descontento de masas y demandas por compensaciones
políticas. Un mecanismo similar opera entre las naciones, donde su efecto es ya
visible en el hecho que para muchos países en desarrollo la transferencia de
riqueza desde las naciones pobres a las ricas en la forma de servicio de la
deuda excede con creces la transferencia en la dirección reversa mediante el
comercio y la ayuda al desarrollo." (11) En el transcurso de no más de dos
generaciones, hemos transitado hacia una forma de adquisición de bienes de todo
tipo a través del financiamiento en compromisos futuros, vía endeudamiento a
plazos cada vez mayores. Aquí nos encontramos con la paradoja que para desplegar
la mentada libertad de elección en el consumo presente, reducimos nuestros
grados de libertad futura, y paralelamente adquirimos bienes que nos confieren
en el presente mayor calidad de vida comprometiendo nuestro bienestar futuro.
¿No estaremos por medio de estos mecanismos sociales avanzando hacia una
obsolescencia del futuro? ¿Cuántas personas no se sienten amarradas a sus
estilos de vida actuales debido al endeudamiento de por vida que han adquirido?
En las inequitativas sociedades del pasado existió tanto la esclavitud como la
servidumbre - algo de eso también se dió en nuestro país - y ambas instituciones
sociales implicaban una herencia negativa, un compromiso de fuerza de trabajo
adeudada, que se transmitía intergeneracionalmente. ¿No es el dinero
plastificado y el endeudamiento fácil, una versión postmoderna de la
servidumbres del pasado? ¿Cuánto más allá en el futuro requerirá desplazarse el
endeudamiento para mantener tasas de crecimiento económico elevadas? En
sociedades que operan con esta lógica, se van transformado en obsoletos y/o
desechables, todos aquellos seres humanos que por diversas razones no pueden
constituirse en sujetos de crédito: personas con bajos o escasos niveles de
ingreso (pobres), personas con esperanzas de vida limitada (ancianos y enfermos
terminales), personas con capacidad de pago decreciente (enfermos crónicos y
minusválidos), y así muchos otros grupos sociales. De forma tal que la exclusión
se torna necesaria para mantener los niveles de competitividad alcanzada.
Conclusión
No quiero
agobiar a los lectores con un aluvión de datos que demuestran los niveles de
riesgo en que nos encontramos situados actualmente, pero quisiera, a modo de
conclusión, presentar una cita muy esclarecedora y que me ahorra mayores
comentarios. "Dicen que uno de los mejores indicadores de la riqueza humana es
la cantidad del gasto de energía. Esta cantidad está relacionada al PIB. Para
obtener la energía, el ser humano consume principalmente combustibles fósiles.
Como el carbón, el petróleo y el gas natural, que cuando son quemados descargan
gas carbónico en la atmósfera. Actualmente
son 20 mil millones de toneladas de gas carbónico por año. Y cada año esa
cantidad crece un 0,2 por ciento. Eso está aumentando la temperatura de la
atmósfera, y así como la "contaminación del calor" acaba con el equilibrio de
los ecosistemas, causa asimismo una alteración extraordinaria en los fenómenos
metereológicos. La energía nuclear aparece como una solución para esos
problemas. Pero la contaminación radioactiva que sale del horno nuclear trae un
nuevo riesgo, de otra dimensión. Para reducir la radioactividad a la mitad se
requerirán 6 mil años. Eso significa que la radioactividad permanecerá casi
eternamente en esta tierra. Y un horno nuclear resiste, como máximo, 30 años.
Además de eso, ese horno no puede ser destruído ni modificado. Tendrá que ser
dejado como está, durante miles de años. Y además, la radioactividad comenzará a
vaciarse en silencio en el aire, en el agua y en la tierra. Y con certeza amenazará la existencia de todos los seres vivos
en la tierra. Lo más
terrible es que, en nombre del desarrollo económico y para resolver el problema
de la falta de recursos, entregamos los problemas sin solución a nuestros
descendientes. En el año 2000, los habitantes del planeta serán 7 mil millones.
Si todos ellos tuvieran el mismo PNB de los norteamericanos, la polución
atmosférica será por lo menos diez veces mayor que la de hoy.
Entonces yo me pregunto: ¿el sistema natural de la tierra soportará tamaña
perturbación? Nosotros no tenemos ninguna respuesta para esta cuestión. La
civilización moderna se realizó exprimiendo a
la naturaleza. Pero
no es posible que la naturaleza defina para un hombre desarrollarse. Y hoy, ser
humano y naturaleza están distanciándose cada vez más el uno del otro.
Deberíamos equilibrar eso. Por lo tanto, es preciso organizar un nuevo sistema
para el mundo.
El desarrollo tiene que ser revisado y evolucionar hacia una simplificación de
la manera de vivir. ¿No es igualmente engañadora, la idea de "conquistar" la
naturaleza?" (12) ¿Es posible hacer algo? Surge de lo anterior una pregunta
obvia: ¿cómo podemos transitar desde la situación actual hasta la situación
deseada, evitando las clases de conflicto y violencia que han acompañado a
menudo los principales cambios sociales en el pasado? Considero importante
señalar al respecto que, es posible identificar manifestaciones intrínsecas al
interior del sistema capitalista actualmente, de un diálogo de resistencia, que
apunta hacia una transformación cuyo grado no es posible señalarlo, sin pecar de
ingenuo o de catastrofista. Dicho diálogo es producto, por una parte, de una
creciente resistencia al interior de las propias sociedades capitalistas más
desarrolladas, por parte de diversos grupos o filosofías que proponen y llevan a
cabo estilos de vida que constituyen un frontal rechazo al modelo cultural y
económico vigente, y por la otra, de una búsqueda por parte de sus propios
conductores para redireccionar al sistema capitalista hacia perspectivas menos
destructivas y más sustentables. Como producto de este diálogo o confrontación
se han ido incorporando nuevos valores que han obligando a un cambio del sistema
capitalista, cambiando si no su naturaleza, al menos algunas dimensiones de
él. .
Un buen ejemplo de ello es lo ocurrido en el campo de los derechos humanos,
donde después de un largo debate iniciado el año 1948 por no más de 30 países se
ha ido generando un consenso universal, que ha llevado a suscribir
la Declaración Universal
de los Derechos Humanos a más de 180 países, dando origen asimismo a diversos
convenios jurídicos que sin cuestionar la racionalidad vigente, logran sin
embargo estrujarla hasta el máximo, como es el caso de convenios donde se
incorporan nuevos elementos o nuevas miradas como: género, identidad cultural,
minorías, e incluso el propio medio ambiente. Por otra parte, creo importante
presentar la idea de Willis Harman sobre la existencia de fuerzas auto-curativas
en la sociedad. (13) Harman señala que los organismos vivos son en gran medida
auto-curativos. Es posible que así ocurra también con las sociedades aunque los
mecanismos estén poco estudiados (14).La hipótesis Gaia (15) que presenta al
planeta, como un sistema vivo, sugiere también que puede ser auto-curativo. No
es posible no obstante proveer ninguna seguridad que los procesos curativos del
planeta garantizarán la continuidad de la civilización humana. Debemos ser los
seres humanos quienes cuidemos de nosotros mismos.
Si reconocemos esta capacidad para la auto-curación, surge una nueva mirada
sobre la realidad, que nos lleva a preguntarnos a que es lo equivocado en el
sistema auto-curativo de la sociedad, que está fracasando para manejar los
desafíos patogénicos a medida que éstos se presentan, y por otra parte, a como
restaurar los procesos auto-curativos de
la sociedad.
Afirma Harman que, si se adopta una hipótesis optimista que muchas de las
actividades innovadoras de la gente en el presente pueden ser interpretadas como
impulsos curativos de la sociedad, parcial e inconcientemente orientados, va a
ser muy fácil reconocer muchísimos signos de respuestas creativas espontáneas,
tales como una gran variedad de movimientos sociales, así como experimentos
innovadores en organizaciones no lucrativas, experiencias de economías
alternativas, producción y circulación de dinero local, programas alternativos
de cuidado de la salud, nuevas formas de negocios empresariales, aproximaciones
ciudadanas para apoyar nuevas empresas, desarrollo de comunidad y formas y
estilos de vida sustentables en países del Tercer Mundo y así muchísimas otras
que sería largo enunciar. Concluye que: "Estamos ya llegando a tomar conciencia
que las fuerzas para un cambio radical han estado creciendo y pueden estar
cercanas al nivel crítico. Esta no es la clásica fuerza revolucionaria de los
oprimidos. .
Es más bien, la conciencia revolucionaria de que hemos estado oprimiéndonos a
nosotros mismos con un sistema de creencias que adquirimos, un sistema de
creencias sobre el cual se sustenta toda nuestra estructura tecno-económica, la
cual es incompatible con un futuro viable para la sociedad humana sobre el
planeta. Sin embargo, muchos de aquellos que han sido muy exitosos en alcanzar
posiciones de riqueza y poder en el sistema actual han comenzado a preguntarse
si aquello finalmente es satisfactorio en términos de la forma en que ellos
invierten sus vidas. .
¿Qué podemos hacer? Aprovechar cada oportunidad para conversar acerca de estos
importantes asuntos; tenerlos lo más claramente posible en nuestras mentes.
Examinar nuestras propias vidas para ver que es realmente importante para
nosotros. Descubrir y alimentar nuestra propia motivación para contribuir al
bienestar del todo. Juntarnos con otros para compartir y difundir nuestra
preocupación y nuestra comprensión. Muchos de Uds. sienten una compulsión para
actuar aquí y ahora y hacer algo. Pero no es tanta acción como sabiduría la que
necesitamos. Escuchen a su intuición y a su corazón. Uds. sabrán que hacer."
(16)
Notas y citas bibliográficas
.
(1) Herman Daly, Crecimiento sostenible: Un teorema de la imposibilidad, en
Desarrollo, Nº 20, 1991, Madrid, pág. 47
.
(2) Antonio Elizalde, Economía, ética, epistemología y economía: relaciones
difíciles pero necesarias, en Medio Ambiente y Urbanización. Nº 49, Buenos
Aires, Diciembre de 1994.
(3) Kyoya Imai, Budismo e Meio-Ambiente, en Bodisatva. Revista de Pensamento
Budista, Nº 2, Outono 1991, Porto Alegre, pág.
21 .
(4) Ivan Illich, La belleza y el basural, en El filósofo callejero, Nº 9,
Santiago, Agosto de 1995, pág. 16 .
(5) André Gorz, Adiós al proletariado, Imago Mundi, Buenos Aires, 1989, págs.
127 y 128.
(6) André Gorz, La ideología social del coche, en Utopía, Año II, Nº 3, Buenos
Aires.
(7) Marvin Harris, La cultura norteamericana contemporánea: Una visión
antropológica, Alianza Editorial, Madrid, 1984. (8) Leopold Kohr, Apéndice II.
Tecnología adecuada, en Para Schumacher, R. D. Laing y otros, H. Blume Editores,
pág. 209 .
(9) Leopold Kohr, op. cit., pág. 211
.
(10) Franz Hinkelammert, Cultura de la esperanza y sociedad sin
exclusión, Editorial DEI, San José de Costa Rica, 1995. pág.
216 .
(11)
Willis Harman, Doing Business in a Transforming Society, publicado en ICIS
FORUM, Volume 23, Number 1, Winter 1993, pág. 30 y
31
.
(12) Kyoya Imai, op.cit.,
pág. 21 .
(13) Ver de Willis Harman, op.cit., págs. 37 y 38
.
(14) Ver al respecto el interesante trabajo de David Loye y Riane Eisler del
Instituto para Proyecciones Futuras, Carmel, California, Chaos and
Transformation: Implications of Nonequilibrium Theory for Social Science and
Society publicado en Behavioral Science, Volume 32, 1987, págs. 53 – 65
.
(15) La Hipótesis Gaia fue presentada por James Lovelock y sostiene, a partir de
la observación de la improbabilidad de los fenómenos atmosféricos, que nuestro
planeta aparece así como un prodigio de autorregulación, de homeostasis. Los
diferentes organismos que lo componen colaborarían en el mantenimiento del
equilibrio global, al igual que nuestros diversos órganos y células contribuyen
a mantener nuestras constantes vitales; sólo pensando que la Tierra es un gran
organismo tienen sentido los datos mencionados. Ver de James Lovelock, Gaia, una
nueva visión de la vida sobre la tierra. Ediciones Orbis S.A., Madrid, 1ª
edición, 1985.
(16) Willis Harman, op.cit., pág. 38.
Fuente:
http://www.unida.org.ar/unida/docpublicos/docessustcre.htm
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